HONESTIDAD: La verdadera reforma es eliminar lo superfluo para encontrar la verdad de tu hogar.
Hoy me han invitado a salir. Ayer una amiga de la infancia me llamó: “Ingrid, mañana voy a verte y vamos a ver tus obras a la exposición.” (En Alcalá Expone se podían visitar las obras de los artistas locales y entre todas había dos cuadros míos).
Lluvia, frio, calles vacías… Así es el invierno. Si alguien conoce el casco histórico de Alcalá sabrá que no esperar cola para tomar algo es casi imposible y es lo que nos ha pasado hoy…
Así es el invierno, así es enero. Enero nos pide refugio, introspección. Cuando fuera hace frío, buscamos calor dentro.
Sábado 24 de enero de 2026. 20:19 p.m. Frente a mí la chimenea (eléctrica) encendida, la bata-manta cubriéndome, uno de mis programas de actualidad favorito sonando de fondo.
El calor que buscamos dentro no es solo temperatura, es una sensación que te envuelve de “verdad”.
Veo sobre mi cabeza las centenarias vigas de madera de mi estudio, en pleno centro histórico de Alcalá de Henares, y pienso: “Cuantos años… Cuantas reformas se han hecho tapando “la verdad” de los edificios, sus años, su historia, en el fondo, su valor adquirido con el tiempo. Como la cirugía estética en los humanos, una reforma parece suponer el esconder la edad de los edificios: techos y paredes trasdosadas con pladur, suelos sintéticos, aislantes, revestimientos… funcionales, pero “falsos”, antinaturales.
¿Te imaginas ponerte un chubasquero y no quitártelo nunca? ¿Por qué le hemos hecho eso a nuestros hogares? Una casa plastificada no respira y una casa que no respira se asfixia y te asfixia. Y cuando nos asfixiamos lo que necesitamos es desnudarnos, abrir nuestros poros y pulmones. Por eso, para mí, para Bagua Interiorismo, cualquier actuación sobre un espacio habitado comienza por desnudarlo, quitarle el chubasquero de plástico y dejarle respirar vistiéndolo con materiales naturales, con cal, madera, lana, algodón, corcho… Una casa que respira es una casa sana, una casa sana es un hogar de “verdad”. Y la verdad es esencia y honestidad…

En este artículo te invito a mirar tu hogar con otros ojos; a escucharla y averiguar si te está pidiendo respirar. Te invito a comprender que reformar no siempre es construir; a veces, el arte está en demoler con delicadeza.
LA PIEL DE LA CASA: reformar preservando la belleza de la cicatriz
Mi intención con este artículo es atraparte en mi mundo. Y puedo hacerlo solo de un único modo.
No todos los edificios, ni propietarios, pueden disponer de restauradores cuidándolos, pero todos pueden disponer de maestros y artesanos enamorados de su oficio, que sentimos y creemos en lo que hacemos desde lo más profundo de nuestro ser.
Personas que sentimos cada golpe en la demolición, golpes que ejecutamos con amor y cuidado, emocionados e intrigados buscando lo que aparece detrás de un pladur o pintura plástica en una pared de un casco histórico. Una “arqueología emocional” en la que nos topamos con ladrillos centenarios, pies derechos, columnas de piedra, yesos y cal incluso milenarios.
Cuando me enfrento a la recuperación de estos materiales en Alcalá de Henares o Guadalajara mi brújula apunta al sur. Me apoyo en los criterios de intervención del IAPH (Instituto Andaluz del Patrimonio Histórico), sus publicaciones y sus guías como referencia técnica. Desnudar una casa en la Alcarria no es muy distinto de hacerlo en el interior de Andalucía; el rigor técnico y respeto hacia los materiales y arquitectura vernácula debe ser el mismo en un palacio en Sevilla (donde el IAPH es el guardián de esa sabiduría) o en una casa antigua en cualquier núcleo rural o casco histórica del centro de la península.
A veces, los artesanos de la construcción nos vemos en “encuentros” y cada maestro artesano cuenta sus descubrimientos: un aljibe medieval en Granada, una solera romana en Toledo, una vetusta balsa de cal en pasta con casi medio siglo en Sevilla… Pero también, una textura que es patrimonio emocional: marcas de vidas pasadas, de otras manos artesanas, de otros habitantes… Ya sea el ladrillo castellano o la cal milenaria que comparten nuestras casas con las del sur, la pasión es la misma, la técnica también, el resultado: dejar respirar.
Y entonces nos preguntamos: ¿por qué las personas buscan la “perfección” muda de una pared de pladur? ¿Por qué hay personas que no ven la belleza en la desnudez y la honestidad de la imperfección contando su historia?
Y no es solo eso, no se trata únicamente de la visión romántica del oficio o la responsabilidad de la salvaguarda del patrimonio. Se trata de salud presente y futura. De cómo esa desnudez y honestidad de materiales que proponemos desde la tradición o el biointeriorismo, en mi caso, como interiorista experta en técnicas tradicionales, nos ayuda, sin esfuerzo, a mantener un ambiente limpio, una humedad equilibrada, una temperatura estable… Técnicas tradicionales tan “vanguardistas” hoy en día como el tadelakt marroquí, el revoco de arcilla, el revoco de cal, la pintura al fresco…Materiales naturales y técnicas ancestrales desarrolladas a base de siglos de ensayo y error. Esa es la magia de la imperfección, de los materiales vivos, indómitos, que cuidan de ti y de mí.

EL EJE VERTICAL: Liberar la escalera al reformar
¿Por qué lo imperfecto parece ser vergonzoso? ¿Por qué no se valora? ¿Por qué se siguen tapando suelos hidráulicos, yeserías, vigas, escaleras?
Y esto me lleva a cuestionarme también: ¿por qué se esconde la escalera? ¿Por qué se destrata, se oculta este elemento indispensable que nos permite comunicarnos a través del espacio como algo que molesta, que se considera indigno?
Cuando desnudamos una casa, no solo la desnudamos de revestimientos o aislamientos, la desnudamos de elementos superfluos, tabiques y separaciones, y entonces descubrimos lo que nos confiesa el edificio: “su verdad”; del mismo modo que aquel polémico video clip donde el cantante se desnudaba hasta quedarse en el mismo esqueleto. Y, de repente, sin hacer nada, descubres una escultura oculta en tu hogar que ejerce de columna vertebral conectando estructura, espacio vacío, luz, aire…
Una escultura desnuda que baña las plantas de luz, que deja respirar y ventila la casa de un modo pasivo, cual pulmón térmico. Una escultura mueble, o inmueble, orgullosa de mostrar sus materiales y elementos que, en muchas ocasiones, solo requieren de una pequeña reparación, mantenimiento o visión.

Cuando una escalera es honesta deja de ser zona de paso indigna. Una escalera de diseño deja de esconderse para ser una pieza de arte cual mobiliario escultórico de otra época. Pero no vengo a reivindicar únicamente su valor estético. Un buen diseño de escalera permite, además, introducir en el espacio elementos esenciales como la luz, la ventilación natural, el lujo implícito en el buen hacer del oficio artesanal…
LA AUTENTICIDAD es el verdadero lujo
Si bien es verdad que en el estudio de interiorismo en Alcalá de Henares no tenemos escaleras, sí disfruto de una autenticidad que es un lujo: el rotulo original de Salinas, la mirilla medieval, las vigas y pies derechos de madera, el ladrillo visto en la zona privada, la forja original en los balcones…y todo se ve, todo se luce, honestamente y con orgullo.
Es un lujo único, y es tuyo. Desnudar el alma de tu casa significa eso: autenticidad, honestidad, exclusividad, en definitiva, lujo. Pero, no olvidemos, también es sostenibilidad real: no se tapa, se recupera, no se genera escombro, se preserva la historia…Y, además, también es funcionalidad, eficacia y eficiencia.

Hoy he tenido visita y, obviamente, se han maravillado con el estudio. Luego íbamos de camino a tomar un café con unas rosquillas y costrada de Alcalá y me preguntan: Pero, ¿el estudio lo compraste? Y lo interesante de mi respuesta no es si el estudio es de mi propiedad o no, lo interesante ha sido su sorpresa cuando les he dicho el precio de mercado de un apartamento como este. Porque el carácter, la autenticidad, la honestidad, la historia, la exclusividad… también tienen un precio y valor en el mercado. Y es mucho más alto de lo esperable comparándolo con el valor de una “reforma normal” de esas que van a pasar de moda.
Tu muro de piedra, tus vigas originales, tu pintura al fresco, tus suelos hidráulicos o tus molduras de escayola son únicos. Una reforma de ‘tapar’ se deprecia en 10 años. Una recuperación que ‘desnuda’ aumenta el valor patrimonial del inmueble cada día.
REVALORIZA TU HOGAR Y TU BIENESTAR: ¿Te atreves a mirar debajo?
Sábado 24 de enero de 2026, 23:11 p.m., después de un descanso en medio de la escritura de este artículo para preparar la cena a mi hijo y a su invitado, te invito a que tú también pares un momento, mires tus paredes o tu techo y te preguntes:
¿Qué historia se esconde detrás de esa pintura plástica, de esa plancha de pladur?
En Bagua Interiorismo nos gusta hacer mucho más que obras, nos gusta practicar la “arqueología del bienestar” desde la consciencia, la experiencia, la profesionalidad y el criterio, y descubrir “la verdad” de tu casa para ti, sin picar paredes por picar, escuchando lo que nos cuenta el edificio para evitar que te preguntes:
¿Qué historia me estoy perdiendo por tener miedo a quitar esa capa?
¿Qué lujo único y auténtico podría estar disfrutando día tras día?
Porque en un mundo obsesionado con «tapar» imperfecciones, la verdadera valentía estética reside en lo contrario: eliminar lo superfluo para encontrar la autenticidad de tu hogar.
Te aseguro que el resultado merece la pena, en todos los sentidos.

Si eres de los valientes y apuestas por revalorizar tu hogar y tu bienestar con una reforma honesta, estaré encantada de ayudarte. Me apasiona hacerlo. Contacta con Bagua Interiorismo en Alcalá de Henares y date el gusto de pasar al siguiente nivel.





